Meditación ante el Cristo de la Redención*

CRISTO DE LA REDENCIÓNHace unos días, el pasado domingo 14 de febrero, tuvo el honor de realizar la meditación, ante el Santísimo Cristo de la Redención, titular de la Hermandad de Nuestra Señora de las Mercedes de la Puerta Real. El acto se realizó en la capilla del Convento de las Siervas de Jesús, en la calle San Vicente. Fue un verdadero honor realizar la meditación y la posterior convivencia con las hermanas, muy gratificante. Mi más sincero agradecimiento al Hermano Mayor, Jesús Calvillo, y a su Junta de Gobierno por elegirme para realizar el rezo meditado ante el Señor que nos da la Vida.

El texto es el siguiente.

        Aquí estoy, Señor, con los sentimientos titubeando entre mis palabras, con las emociones zigzagueando en mi razón, luchando por sostener un momento de claridad en la mente para no perderme en la banalidad de la observancia física, perseverando por no caer en el desorden la incomprensión, en la frialdad de la mera contemplación artística, con la que te presentas ante nosotros, con la muerte asomada en los vértices de la cruz, amenazándonos con la espesura de las tinieblas, creyendo que te ha vencido, riendo en la ignorancia de un triunfo ficticio, tan cegada en su presunción que apenas vislumbra el resplandor de tu santidad reflejándose en los corazones de los hombres que siguen tus enseñanzas, el fulgor de la santidad con la que premias las almas puras, las que luchan constantemente para huir de la imperfección de nuestros actos.

        Aquí estamos, Señor, rendidos a tus plantas, sin saber que la vida rezuma en Ti, que eres la salvación que fue prometida en la Creación, la Redención del género humano ante el pecado y la maldad, el libertador que proclamaron los profetas, el Mesías que aparece en la Revelación del Antiguo Testamento como consecuencia de la necesidad de salvación de la humanidad. Tú eres el anunciado por ángel a San José: -y le pondrás por nombre Jesús: porque El salvará a su pueblo de sus pecados-.

¡Qué lejos, Señor, estamos de conseguirlo! Queremos engañarnos proclamando que Tu eres el Dios que todo lo puede, que todo lo da, pero la fuerza de esta enunciación no traspasa la comisura de los labios. Queda retenida la soberbia y la suficiencia. Con demasiada frecuencia nos valemos de ella para banalidad de la presunción, ignorando que nuestras acciones nos delatan impunemente porque ninguneamos al que necesita de nuestro auxilio, porque huimos y los abandonamos en el mismo monte de los Olivo, dándole un beso palabrero para luego entregarlos a la desesperación, para condenarlos a la soledad o, tal vez, y lo que es peor, a la arbitrariedad de la indiferencia. Nos vanagloriamos exultando tu nombre, anunciándote como el Dios del Perdón y del Amor, pero entramos constantemente en confrontaciones con nuestros hermanos, negándoles el perdón porque nos consideramos poseedores de la verdad, ofendiéndolos cuando llegan a nosotros con la intención de abrazarnos, negándoles la clemencia que nos solicitan, el apoyo que necesitan, y nos falta generosidad para ofrecer nuestra mano, humildad para reconocer nuestros errores, y tender lazos de amistad con quienes desean dejar de ser enemigos. Presumimos de la Misericordia pero no son más que alardes jactanciosos para mostrarnos ante quienes nos jalean, arrastrándonos por el fango de nuestras propias conveniencias, dando la espalda al camino que nos has señalado, la senda tortuosa y difícil, nunca dijiste que no lo fuera, por la que discurre el potencial de tu mensaje. No hace a falta más que mirar a nuestro alrededor para cerciorarnos de la constante negación a tu plan salvífico. El hombre, acomodado por sus propios intereses, no quiere tomar su cruz, ni apiadarse de sus hermanos más necesitados. No sé, Señor, si somos merecedores de tu gracia, del sacrificio enorme que hiciste para redimirnos, para librarnos del pecado. Hacemos propósitos de enmienda pero nos vence nuestra debilidad.

Aun así siempre estás dispuesto a recibirnos, siempre esperándonos. Ante ti se derrumban los mitos de la humanidad. El hombre ha sido vencido por su ego, por su prepotencia. Te ignora, Señor, y te crucifica constantemente con sus actuaciones, se subleva al mensaje salvífico que se muestra en tu rostro, en la dulzura de la entrega, en ese darse sin condiciones, sin más exigencias que la de amarnos los unos a los otros. Ahí sigues, Señor. Esperándonos. Paciente, sofocando la rendición ante el materialismo mundanal que da la espalda a quienes nos estás señalando constantemente. Ahí sigues, Señor, observando al hombre que prefiere sumergirse en las profundidades de su comodidad, asentarse en la dulzura del bienestar y cierra sus ojos, ignorando que se está adocenando en la ausencia de la caridad, que hay hermanos que sufren constantemente, que son apartados por su condición de pobreza, que sufren la soledad o que son aislados por sus pensamientos distintos.

Ahí estás, para recogernos, cuando te pedimos auxilio y gritamos que Te necesitamos, Señor. Nuestra debilidad  tiene cura si queremos realmente sanar. Con nuestra voluntad podremos desasirnos de los complejos que nos hacen aparecer como seres indefensos, sucumbiendo a la mentira de la orfandad, porque el Todopoderoso se ha erigido como Padre de la humanidad. Sólo por eso, por esa entrega sin límite, deberíamos corresponderle, desencajar los prejuicios de la tiranía de la razón y asirnos a los sentimientos, a las emociones que procura la alegría de sabernos beneficiados por la condición, proclamada desde el mismo instrumento del tormento, desde esa Cruz en la que te contemplamos, de ser hijos de Dios.

Ansiamos tus fuerzas, tu entrega sin medida. Queremos significarnos en Ti, no renunciar a tu mensaje, extenderlo entre quienes lo desconocen. Concretarlo con nuestras acciones, significa acatar la naturaleza divina de tu concepción, sin obviar que nuestros hermanos, esos que ninguneamos, son la ofrenda con la que podemos presentarnos ante Ti, el mejor bálsamo para sanar esas heridas que tanto nos conmueven cuando nos acercamos para orar, para rezar, para pedir, palabras que vacías, sin cuerpo ni significación, si nos obstinamos en no oír las tuyas. Si no lo hacemos, si somos incapaces de escuchar los gritos que sacuden nuestra conciencia, no podremos, ni debemos considerarnos cristianos, ni alardear de ser tus seguidores. Hemos de emplazarnos en la fortaleza que tiene su origen en ti y romper el asedio de la oscuridad, abatir la desidia y asirnos al compromiso, libremente aceptado por cada uno de nosotros, para poder implantar la Esperanza en el corazón de los hombres. No nos pides más de lo que Tú mismo entregaste; no nos exiges más que lo que nos has dado. Un corazón libre de pecado y la vida.

Crucificado, Señor, no quiero verte. Sé que depende de nosotros, de nuestras actitudes, de nuestras manifestaciones. Tenemos en nuestras manos desasirte de esa Cruz. Nos lo dices constantemente. Lucho conmigo mismo y ansío descubrirte caminando sobre las aguas de mi alma, vivo, resucitado. Siento, Señor, que todo tu esfuerzo tiene un premio en mí y que no sé cómo resarcir tanta gracia entregada, tanto amor derrochado, tanta misericordia concedida. Solo espero, Señor, hacerme digno de Ti, de esta Redención que se nos muestra y entrega sin exigir más que vaciar las bolsas del amor para inundar de amor los corazones que lo necesitan. Espero, Señor mío, Cristo mío, que esas manos que se abren al dolor, se desprendan del suplicio, y a pesar de mis faltas y carencias, me abracen y sostengan en el último de mis alientos.

Así sea.

Esta entrada fue publicada en RELIGIÓN, SEMANA SANTA y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a Meditación ante el Cristo de la Redención*

  1. Juan Aunión dijo:

    Oll

  2. Juan Aunión dijo:

    O

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s