No te tocaba, Fernando, no te tocaba.

fernando-carrasco-fallece--620x349No te tocaba, Fernando, no era tu tiempo, ese que con el jugabas en tus novelas y que ha venido a traicionarte, a vencerte con la precipitación injusta de su advenimiento. No te tocaba, Fernando. Lo sabemos quienes compartimos tu vitalidad en noches de tertulia, buscando siempre el eco de esa voz inigualable que conformaba el ánimo y apaciguaba nuestros ímpetus.

            Hace sólo unos días, en el lugar donde la Esperanza se muestra al mundo, en esta basílica donde gravita la Verdad de Dios sobre los hombres, donde se espejan los sentimientos más entrañables de la gente de la Macarena -¡qué expresión más bonita, me decías cuando invocaba al amor de los hombres hacía la Virgen-, ponías desorden en las emociones, que se pacían serenas y sosegadas, en las praderas del alma, anunciando los sones de esa trompetería que revoca la tristeza cuando suena, en la madrugada más hermosa de Sevilla, anunciando la Sentencia de Cristo, que curiosamente viene preñada de amor y alegría. Luego departíamos, con una cerveza, y arreglábamos la madrugada, y compartíamos nuestras ilusiones en esos proyectos literarios, de los que éramos cómplices, obras futuras que no verán la luz porque el tiempo, Fernando el maldito tiempo, ha recortado drásticamente el horizonte de tu futuro. ¡Con que ánimo ´me explicabas tu próxima novela y comentabas, con esa sonrisa que descubría un mañana sin fin, que teníamos toda la vida para alcanzar la gloria. ¡Toda la vida eran unos suspiros de días que fueron consumiéndose vorazmente!

            Nos conocimos en la primavera del dos mil tres, poco antes de la semana santa. Te presentaste en nuestra hermandad de la Macarena para entrevistar a Juan Ruiz, con motivo de la Celebración de la Concordia que unió a las Hermandades del Gran Poder y la Esperanza. En la secretaría iniciamos una conversación los actos programados, sobre la importancia del documento que elevara don Marcelo Spínola, para solventar los problemas de paso. Al hermano mayor le surgió un imprevisto y la demora sirvió para que tomáramos primera cerveza, acortando así la espera y convenciéndonos, el uno al otro, de que nuestro Betis era capaz de asaltar el liderato de la liga. ¡Lo que han cambiado los tiempos, Fernando! Después muchos momentos compartidos. Siempre con la Virgen de la Esperanza por medio, siempre alabando su nombre, la hermosura con la que se presentaba la Madre de Dios a los sevillanos, siempre defendiendo esa pasión tuya por la fiesta de los toros, tus crónicas ensalzando el arte que surgía en ese albero dorado que tiene remembranzas de cielos, de manos de Curro o Morante. Todo en ti era apasionado, sencillamente apasionado.

            Estabas tan orgulloso de tu familia que siempre la tenías en los labios. De tu esposa, cuyo nombre coincidía con la protagonista de tu novela Inri, no tenías más que hermosas palabras; para tus hijos, la emoción de tu cariño siempre en tu recuerdo. Especialmente cuando pasasteis aquellos difíciles momentos y atravesabas la Resolana, dejando atrás los perfiles del hospital que tiene su nombre en la más bella Virtud, y buscabas el auxilio en los ojos de la Niña de San Gil, y aquel pañuelo que pusiste en el lecho del dolor cumplió su cometido y no vi hombre más feliz cuando agradecías a la hermandad el gesto, desconociendo Fernando, que los felices éramos nosotros al saber que todo se había resuelto favorablemente.

            No te tocaba, Fernando. Te correspondía este tiempo de felicidad que vino de la mano del teatro, que puso sobre le escenario, la dramatización de tu novela El hombre que esculpió a Dios; era este tiempo de recogida de frutos y sin embargo te has marchado, de improviso, a pie juntillas, con toda tu bondad a cuesta, con toda grandeza humana. Te echamos de menos y aún tenemos la sangre caliente, incapaz de asimilar esta partida. Hoy no hemos tenido tu entrada en Facebook, por eso me atrevo, recordando el sonido y el ímpetu de tu voz, llamándonos a la alegría, a la valentía, a tomar el martillo, temblándome el pulso. Hoy amigo, emocionado, alzo el dragón derrotado por la Esperanza. ¡Atentos! Voy a llamar. Fernandoooo. Por los que están cielo! ¡A ÉSTA ES!

            Disfruta de la presencia de la Virgen. Hasta pronto, amigo.

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