El figurón

hqdefault¡Qué grande es la semana santa sevillana! Cuánto sentimiento, cuántas emociones, vienen prendidas del recuerdo. Siempre hay algo nuevo adentrándose en el alma. Siempre quedan sensaciones por encontrar. Por mucho que pasen los tiempos, por mucho que los años pasen quedan descubrimientos que nos alegrarán la vida y nos convertirán en dichosos seres. Es la esencia que nos fue legada, que nos transmitieron nuestros antepasados, aquellos que nos enseñaron a encontrar a Dios en la mirada del Cachorro, el mensaje de la vida nueva en el caminar, sereno y majestuoso, de Jesús de la Pasión. ¡Cómo recuerdo aquellos días en los que la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo eran el centro de la celebración religiosa!

Hoy en día se tiende a la banalización de la fiesta. a desarraigar el sentido religioso de la conmemoración semana santa y convertirla en una celebración en la que principal valor es el divertimento y la simplificación de la hermosura. Corren tiempos difíciles para la Iglesia y los cristianos somos conscientes de la implantación del pensamiento laicista como norma y ejemplo de vida moderna. Descreer es el paradigma, y la principal preocupación, de las nuevas fuerzas políticas.

Las hermandades y cofradías sevillanas siguen siendo un importante bastión en la lucha contra la secularización de la sociedad. Desde sus orígenes han permanecido unidas a la Iglesia, obedientes a sus mandatos, a sus autoridades principales, y participando de cuánto desde la jerarquía eclesial se le ordenaba, haciendo llegar a sus hermanos, los mensajes de aquéllos, las disposiciones que servían para acrecentar el espíritu cristiano. Hombres y mujeres que dedicaban su tiempo libre al engrandecimiento de sus hermandades. Todo cuanto se realizaba significaba enraizar con la majestuosidad necesaria para mayor gloria de Dios y su Bendita Madre.

Muchos han llegado a Dios, precisamente, ingresando en las hermandades, atraídos por las impresionantes imágenes, obras que llamaban a la devoción y que han procurado el acercamiento al mensaje salvífico de Cristo, un mensaje de liberación y Esperanza para los hombre. Pero en los últimos tiempos, en estos años en los que los principales valores han sido denostados, suplidos por el materialismo y la fugacidad de las nuevas imposturas culturales, se han introducido, en el seno de las cofradías, unos personajes con escasa formación cristiana, con deseos de alcanzar metas sociales, que de otra manera les es imposible conseguir. Llegan con la pretensión del figureo, apostándose en lugares donde saben son reconocidos, con discursos que nada tienen que ver con el mensaje de Cristo, flirteando con la tradición y los sentimientos, incluso si han tenido la suerte de haber sido inscritos por sus progenitores, presumiendo de antigüedad como valor esencial para posicionarse en la casta de los elegidos. Conozco yo a algunos, con decenios en la nómina de hermanos, que no saben ni posicionar el templo en un mapa, ni tienen idea del mensaje evangélico y de ese plan redentor que Dios concretó para los hombres. Gente que se nutre de la apariencia, de la importancia que subyace en tener un número bajo en la nómina de hermanos y luego no se preocupa de lo que les sucede a sus hermanos; kofrades que si no salen con una vara, en la procesión, prefieren no realizar la estación de penitencia, por no decir que pueden mancharse la túnica o el calzado si portan un cirio. Gente que ni aparece en los cultos o que cuando se presenta el Santísimo, como ejercicio espiritual preparatorio para el inicio de un quinario o septenario, prefieren esperar en el bar de la esquina. Eso sí, en cuanto termina el culto, se apostan, pintureramente, en la salida del templo con la intención de convertirse en centro de atención, saludando o buscando con la mirada el saludo. Son los figurones que ignoran el mensaje de los evangelios eludiendo sus responsabilidades como cristianos, una condición que se acepta con voluntariedad. Dios no obliga a nadie a comprometerse en la creencia. Ha dejado libertad al hombre para configurar sus valores. Ahí están quienes han apostatado o simplemente se nominan como no creyentes o ateos. Pero no desvirtúen, si quieren pertenecer a la Iglesia de Cristo, el sentido de un mensaje, ni se aprovechen de las hermandades para lograr metas que sus escasas facultades no les permite alcanzar en los círculos precisos. Dejen la prepotencia y la banalidad. No se puede ser cristiano y  obviar a Cristo y por supuesto, no cumpliendo sus mandatos, perdonar, amar, ayudar al prójimo, preocuparse por quienes no tienen lo necesario para la subsistencia.

La semana santa está aquí, a la vuelta de la esquina. Salgamos a encontrar a Cristo y a su Santísima Madre y miremos a nuestro alrededor y veremos a Dios muy cerca. Que los misterios de su pasión, muerte y resurrección sirvan para reflexionar sobre nuestra condición. La belleza es una forma de encontrarnos con respuestas pero si quedamos sólo con lo exterior, si no profundizamos en los porqués de la hermosura, no hallaremos más que vacío y la desvirtualización del mensaje de salvación que nos viene dado con la Resurrección de Cristo, verdadero sentido de nuestra fe.

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