BETA. Una librería ya en la memoria

         FIRMANDO EN BETA SIERPES El hombre siempre se ha significado por su constante afán de conocimiento, por acrecentar su saber, por ampliar su razón y su pensamiento de manera que sus costumbres ancestrales, las naturales con las que Dios nos confirió y concibió, y que debieran separarnos de los animales que se rigen por sus instintos, fueran civilizando sus conductas, normalizando la convivencia entre iguales, para llegar a disfrutar de una civilización donde todos gocemos de las primicias que nos otorga el pensamiento, el poder discernir lo bueno de lo malo, la alegría de la pena, o simplemente complacernos del mayor beneficio unipersonal del ser humano: su libertad. Este concepto tiene un hito de normalización conforme nos hemos ido curtiendo en el saber y la cultura, en la erudición de las artes, la literatura y la ciencia. Cada una de estas facetas han contribuido al progreso, a la construcción de un mundo mejor, o al menos ese el deseo y el fin.

            Durante siglos ha sido así. De un tiempo a esta parte, cuando las técnicas debieran proporcionar el bienestar, y en parte es así, se vuelve a retrotraer el sentido de la formación integral del hombre. Los medios y avances técnicos no sólo se utilizan para su primordial fin, ayudar a la felicidad, sino que se tergiversa el afán para destruir las estructuras sociales en las que se fundamenta la vida, la libertad y hasta la belleza natural. Hay un plan premeditado para la subyugación del semejante. Ya lo escribió Orwell, un vaticinio que tiene el error del año. No interesa que se instauren razones en la mente, ni el poder discernir para separar las nociones que forman y educan, no hay planes pedagógicos, ni se establecen cauces por los que fluya la cultura para engrandecer el alma y procurar un estado de serenidad en el espíritu. La ilustración y el conocimiento amplio, no puntual ni conceptual, ha pasado  a ser un bien innecesario por intereses supra económicos. Los poderes que rigen este mundo, a quién alguien quiso denominar como global, se superponen a la pedagogía y a la educación. Un hombre no formado es más manipulable, menos combativo y más asequible a la utilización partidista. Están intentando desamortizarnos del don de la razón, de descernimiento y la educación. Ahora nos trazan nuestra vida, conducen nuestros destinos y nos llevan al mundo de feliz que Aldous Huxley también vaticinó. Estamos dejándonos arrebatar la libertad personal para convertirnos en masa dirigida. Nos vencen con la cantinela de una sociedad del bienestar que no llega a traspasar las fronteras de quienes la proclaman, de quienes se jactan con vender humo, de quienes nos prometen oro y nos dan purpurina, nos compran y nos dejamos comprar con ofrendas que nos envilecen y nos roban nuestro más preciado tesoro: la libertad.

            La cultura engendra progreso y sin ella no cabe exigir de los pueblos ninguna conducta moral. Así de fácil y contundente, se pronunciaba José Vasconcelos -poeta latino, que vivió en el siglo I A. C.- definiendo la necesidad de la cultura como arma para la lucha contra el inmovilismo y la esclavitud, una condición aceptada, entre los hombres de su época, como natural porque quienes tenía conocimiento se aprovechaban del desconocimiento de sus semejantes.

            Ayer, quienes sentimos la necesidad de la cultura, de seguir adiestrándonos en el saber, el conocimiento y la educación del alma, vimos y sufrimos cómo se asestaba un golpe contra la tolerancia, contra el saber y las artes, en especial la literatura. Ayer, ante la indiferencia de las administraciones, que presupuestan ingentes cantidades para tonterías y superficiales e innecesarios avatares burocráticos, se cerraba una librería, un establecimiento donde la cultura tenía fijada residencia. BETA Sierpes, echaba el cierre. Vender libros, amén de un negocio, es acercar ilusiones y sentimientos; emociones y aventuras, historias que alteran los sentidos y acercan a la ciencia, al conocimiento, al fin al despejar el espíritu y convocar a la ilustración. Libros que quedaran en anaqueles polvorientos, olvidados en la sepultura de sus cajas, ocultos y alejados de la ansiedad lectora. Ayer no sólo se cerró una librería. Ayer quedamos huérfanos de ilusiones y anhelos quienes leemos, quienes escribimos, quienes compartimos momentos entrañables entre sus paredes, entre el aroma a papel teñido de tinta. Estamos matando a la cultura y no hacemos nada. En contra de lo que Vasconcelos dictaminó -¡hace veintidós siglos!- estamos destruyendo el progreso y convirtiéndonos en seres amorales que permitimos el aniquilamiento de la cultura, de la libertad al fin. Ya queda menos para hacer realidad los temores del autor de Fahrenheit 451, el estadounidense Ray Bradbury, y que los libros se conviertan en enemigos de los dirigentes y sean quemados en piras. Estamos abocados a la sinrazón y la incultura. Yo sigo leyendo y mis mejores amigos. En los libros se aglutina el saber. Y en las librerías nuestro punto de encuentro. Tal vez sólo nos quede la rebelión para no perder la conciencia y el saber.

Galería | Esta entrada fue publicada en LITERATURA y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s