Loor a la inconciencia

oteguiLa conciencia es algo que nos revierte el corazón, que recuerda que hay momentos en los que la equivocación, el error o simplemente un acceso de ira, nos llevan a los remordimientos y éstos al dolor inmenso de sabernos mezquinos. Entonces nos invade la sensación del perdón y una inmensa alegría cuando nos congratulan con esa gracia cuando rectificamos con humildad. Reconocer nuestros errores mundanos, amorosos e incluso aquellos que procuran sufrimiento a otros es una señal de humanidad.

            Durante muchos años hubo quienes creyeron que matar impunemente, con frialdad, con la cobardía de un tiro por la espalda o colocación de una bomba en los bajos de un coche, a las puertas de un cuartel o en el sótano de un hipermercado, justificaba su lucha por un ideario caduco y escasamente progresista. Pero lo peor, si es que se puede ser más vil, era quienes justificaban esos actos, quienes intentaban argumentar razones donde no había más que locura, quienes se cegaban con la sangre que manaba de los cuerpos destrozados de niños, de mujeres y hombres cuyo único defecto era sentirse españoles, ciudadanos que no opinaban como ellos e inmediatamente eran sentenciados, cercenando sus libertades, sus derechos de mantener posturas contrarias al terror, su legítimo proceder de elegir vivir en un lugar que otros querían convertir en reinos tiranizados por el terror, por la ley el revólver y el tiro en la nuca.

            Las víctimas de las víctimas, padres, hermanos, hijos y amigos, siguen en pie de guerra para que no se olviden sus rostros, sus cuerpos, el dolor. Siguen intentando sobreponerse a la soledad, instaurados en el recuerdo de sus queridos que un día salieron de sus domicilios y ya no volvieron. Siguen intentando recuperar los momentos, los últimos besos, aquella caricia antes de acostarse,  las palabras y la voz. Luchan para que no se disuelvan en la nada, en ese lugar donde habitan los olvidos y reina la soledad. Siguen sobresaltándose con una detonación, con un ruido o con el timbre de un teléfono. Piensan que no hubo justicia porque le arrebataron, sin piedad ni misericordia, a quienes más querían, imbuidos en la confusión de no encontrar razones que vengan a justificar esas ausencias porque no hay entendimiento capaz se alinear reflexiones, ni inteligencia que en encuentre un solo argumento al asesinato, a la violencia o a la imposición del terror.

            Los verdugos fueron condenados a cientos de años de prisión. Viven y sueñan con la libertad, esa misma que arrebataron a sus víctimas, esa misma que grabaron a fuego y sangre en el alma de sus familias. En la cárcel debieron permanecer. Pero las redenciones de pena, la aplicación de una ley, donde se prima a los asesinos por sus trabajos, o simplemente la conmutación de la condena acogidos a amnistías porque decidieron ofrecer un leve arrepentimiento, los van poniendo en libertad, tomando de nuevo las calles, convirtiéndose en vecinos de aquellos que sufrieron su violencia, a pasear por sus pueblos y ciudades mientras que otros hace mucho tiempo que comenzaron a pudrirse en una tumba.

            En Cataluña se ha recibido como un héroe, por las principales instituciones autonómicas, al representante y líder de Sortu, el partido independentista vasco que comparte ideario con ETA, que justifica y sigue callando todas las atrocidades que cometieran sus adláteres. Parece inconcebible que se arrope, dotándole de carisma político, a quien ha enaltecido y pregonado el terror como arma para la defensa de ideas. Es inaudito que las instituciones catalanas se permitan aclamar, en el principal y más importante organismo, el más representativo de sus ciudadanos, a Arnaldo Otegui y lo presente como valedor de la democracia, como instaurador de la paz. Quienes gobiernan en la comunidad catalana se declaran y descubren. Sus gobernantes, gracias a alineación de la izquierda, perdón del estalinismo y leninismo caduco, no hacen más que mostrar coherencia con sus pensamientos. Sus actuaciones no hacen más que mostrar la dictatorial y despótica manera de gobernar, manipulando la concesión de los votos que ha recibido. Gente que sigue doctrinas políticas y económicas fracasadas en donde se pusieron en práctica y que terminaron con restricciones en la libertad individual y con el dinero de TODOS los catalanes. Personajes que convierten la demagogia en sistema para imponer sus órdenes.

            Que Otegui sea presentado como un político dice mucho de la actual sociedad española, de sus dirigentes que permiten que se juegue con el dolor de muchísimos españoles, que se vulneren las leyes esenciales de la libertad. No es de recibo que se premie a quienes asesinan y matan y se obvie el derecho fundamental al respeto de la mayoría. Es necesaria una revisión legislativa que condene el enaltecimiento del terrorismo, que castigue severamente a los que toman el camino de la violencia. El terror siempre conlleva terror. Cómo puede hablar de  paz quién ha optado por el quebrantamiento de la misma. Una sociedad que permite estas actuaciones está condenada a morir. Más les valdría engrandecer y presentar a quienes salvan vidas todos los días, a quienes luchan y a veces entregan las suyas por defender la libertad, y no a quienes las quitan. ¡Ya estamos hartos! Y mientras estos elementos son vitoreados hay quienes recuerdan y sufren de sus actuaciones. Vítores y clamores teñidos de sangre, de muerte y dolor. Loor sin conciencias.

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