La memoria desprendida*

1473966469_180508_1474007709_portadilla_normalEn las profundidades de su mente guarda los mejores recuerdos, esos que a veces se entrelazan con los sentimientos y recuperan vivencias y momentos que libera los sentidos del secuestro del aturdimiento que le procura ausencia. Sabe que aquellas experiencias no debe compartirlas con nadie. Son su tesoro, su única fortuna, un caudal donde se sedimentan las presencias, los instantes compartidos, las cosas queridas que ahora solicita al olvido que no la desvalije de su memoria, los besos que ahora lamenta no haber dado. Tantos años de felicidad como edad tenía. Tantos sentimientos encontrados, tantos instantes vividos, tantos sueños correspondidos.

La casa se había convertido en un territorio inhóspito, casi desconocido. Los recuerdos vagaban por las estancias incapaces de aposentarse ante tanto y desmesurado silencio. El tictac del carrillón marcaba la melodía del pausado tránsito del tiempo. En el patio se alzaban las pilastras como únicas demostraciones de vida. No le asustaba la soledad pero convertía las horas en espesas esperas.

            Cuando se asoma a la ventana puede ver las espadañas de los conventos cercanos y las torres de las iglesias silueteadas en el horizonte. Mantiene la certidumbre de que allí, en la inmensidad del azul, o en el tupido velo grisáceo de los días de otoño, perdura su imagen. Puede pasarse horas observando el paisaje, deleitándose con el sonido de las campanas que surcan el aire. San Juan de la Palma está cerca y el arrullo de las palomas perturba la sensación de misticismo que se transfigura frente al balcón.

            Echa de menos la túnica colgada en el ropero, aireándose. Cuando murió Ana, su hija se llevó, a la casa del Aljarafe, el hábito penitente que tantas veces alisara,  las manos de su esposa, en la noche del jueves santo, porque allí le sería más fácil agregar la botonadura, le dijo. Los niños y el trabajo le quitan demasiado tiempo. En los ratos muertos se los va poniendo. Lo hace con el mismo primor pero reconoce que son las ausencias las que fomentan la presencia de la nostalgia. En la capa fija el escudo y también recuerda otras manos acomodando, casi perfectamente, el óvalo sobre el hombro.

            Las tardes se vuelven melancólicas. Pone un dvd de la procesión del año anterior al fallecimiento de Ana. O quizás sea más antiguo porque recuerda que la lluvia les volvió a dejar dentro y porque se distingue a su amigo Demetrio en el dintel de la puerta, llorando, sin revestir la túnica, porque se lo impedía esa maldita enfermedad que le arrancaría la vida dos meses después. Pero qué más da. Se resarce del tiempo, que se le cae, y goza con la visualización de las imágenes en las que aparece su esposa sonriendo, en el balcón de la casa de hermandad, durante la salida de la procesión, descubriendo su perfil indiscutible, en la ante presidencia. Fue un regalo de sus nietos en las pasadas navidades. A veces no puede evitar que una lágrima recorra las grietas que ha ido marcando el arado de la edad en su rostro, aunque se rebela ante el dolor y prefiere recordarla con aquella sonrisa que lo llenaba todo. O mejor aún, elaborando las torrijas, esa primera hornada que ya impregnaba para toda la cuaresma las estancias de la casa. Apenas pisaba el zaguán y corría hacía él, como un maná espeso derramándose por el ambiente, el aroma a miel y pan, a ajonjolí e incienso. O cuando regresaba de un cabildo de oficiales, ya entrada la madrugada – que hay que ver lo que dura una junta de oficiales, le decía por la mañana – y siempre se encontraba un plato con un tortillita que cubría otro plato, para que no se acostase sin comer y que él deglutía  con ansiedad a pesar de venir con el estómago lleno de pescaíto frito.

            Fueron demasiados años, demasiados momentos compartidos, demasiada felicidad, rota en un instante. Pero la vida tiene estos ajustes, estas facturas que se nos presentan para romper la cadencia de las horas con el propósito de reconvertirlas en monotonía. Aún así, se siente con fuerzas para sonreír porque guarda en las profundidades de la mente la figura y la imagen de su mujer, la sonrisa con la que saludaba a los días, el tacto de sus manos cuando cubrían las suyas en los difíciles momentos que pasaron cuando perdió su empleo, y el mundo se desplomó frente a él y ella cogía los trozos y lo recomponía y hasta parecía mejor. Sabe que nadie podrá sustraerle estas vivencias, ni siquiera el tiempo porque cuando marche, cuando el Señor le haga recorrer la plaza que es antesala de los cielos, ya habrá inscrito su memoria en la eternidad, en ese lugar donde habita la Esperanza y reside la alegría, la misericordia eterna de único Gran Poder que existe. Allí  donde permanecen los sueños, figura ya una página con toda la felicidad que compartieron en la tierra y le espera ese abrazo que tanto echa de menos.

            Por eso se niega a compartir sus experiencias y poco le importa que murmuren que si está perdiendo el juicio, que si el dolor lo está volviendo loco, porque lo ven sonreír mientras camina, hablar solo mientras sonríe y señalar las puertas del colmado donde compartieron su amor mientras gozaban con las viandas que les servía su amigo Jero.  Es la memoria que le trae los mejores momento, el homenaje a la persona que supo y quiso compartir con él la vida. Ésa era mejor y más grande alegría con la que Dios le había premiado, un júbilo que nadie reconoce porque vive en él, en su alma y allí solo tiene ojos su Virgen de la Esperanza.

*A mi amigo Pepe y a su hermano Manolo. Ellos saben por qué.

 

Galería | Esta entrada fue publicada en HERMANDAD DE LA MACARENA, SEMANA SANTA. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s