Otros tiempos

transicion-espanolaEran otros tiempos. La tecnología todavía no avasallaba a las multitudes ni esclavizaba sus voluntades. Los teléfonos eran fijos, armatostes con timbres relumbrantes y marcación de rueda. La máxima aspiración era poder conseguir el televisor en color donde contemplar a nuestros líderes futbolísticos en colores, con aquella estela cromática que parecía quedarse atrás, apresurándose para fijarse al cuerpo. Las horas se consumían con la cadencia propia de una juventud que mantenía sus anhelos en querer crecer demasiado rápido, aspirando a la independencia familiar, una pretensión que se alargaba, casi siempre, hasta formalizar una relación sentimental delante de un altar. Aquella ambición era la sintomatología que nos descubría, a los ojos de otros, al alcance de la madurez. Nuestra bandera estaba teñida por la esperanza, por la ilusión para conseguir un futuro mejor. La política nos fue inyectada con dosis de lucha, de encuentros inesperados con la palabra que brotaba en las esquinas, a veces improvisadamente, otras convocadas. Palabras que nos descubrían mundos desconocidos, seres que habían permanecidos ocultos o exiliados porque eran hijos de la derrota en aquella guerra fratricida que unos mostraban como épica victoria y los otros como derrota de la libertad.

El dictador acabó sucumbiendo a la naturaleza. Para vergüenza de muchos, en su propia cama, vencido por la edad y por los males. No hubo nadie, en aquellas casi cuatro décadas, que hubiese procurado su derrocamiento; los atisbos, cierto era, sucumbían o eran desmantelados y sus mentores, escasos e idealistas, acaban desplomados ante la fortaleza impía de la dictadura.

Llegaron nuevos aires, reformas que intentaban conciliar aquellos dos mundos. Tiras y aflojas que motivan enfrentamientos. Todos, fueran del color que fueran, cedieron; estaba por medio España y la instauración de la democracia. Fue duro tener que aplazar recuerdos dolorosos, aparcar rencillas decimonónicas, limpiar el alma de rencores. No había otra. Es la única forma de no caer en la violencia, en las muertes inútiles, en nuevos enfrentamientos fratricidas. El dolor dio paso a unos años esplendorosos, a la esperanza de una nación nueva, al flamear de banderas que anunciaban propósitos liberales, a construir un país donde la democracia fuera hito y procurara la convivencia de los idearios. La Constitución fue consensuada por todos ellos. El Libro Magno fue la guinda al paso, sin traumas, desde la nueva España.

Ahora parece que todo lo que se hizo entonces no tiene ningún valor, Las autonomías no eran sino un horizonte donde se albergaban esperanzas de identidades históricas definidas. Las demás, las que surgieron con los años solo por compromisos de políticos que veían signos definitorios raciales donde no había más que analogías étnicas propias de su situación geográficas, vinieron a configurar una panorama patrio de comunidades que oficializan instituciones, parlamentos y administraciones sin sentido.

Tal vez sea necesaria la reforma de algunos artículos constitucionales, adecuar al tiempo actual las situaciones sociales, políticas y hasta geográficas, si quieren, pero sin devaluar lo que se consiguió en aquella ejemplarizante Transición que procuró a este país una situación social, económica y política sin precedentes en la historia. No hace falta remover la mierda, retrotraer a la desgracia el pensamiento. No hay que volver a vivir lo más triste de nuestra historia; hay que aprender de ella para no repartir sus desastres. Quienes abogan por ello no hacen más que crear distancias, impedir que los pensamientos distintos cohabiten y participen de la nueva historia de España.

Eran otros tiempos. Pensábamos en cambiar para mejor. Las ideas prevalecían sobre los intereses. Nuestra inocencia nos conmovía y nos acercaba a la comprensión de esa nueva patria que nos permitiría vivir mejor. Luego vendrían los desengaños. Pero la ilusión con la que vivíamos cada hora, con la descubríamos cosas nuevas, no nos la pueden quitar. Ni siquiera esta nueva horda de políticos, universitarios que se mueven en idearios caducos, en populismos obsoletos y que se sostienen en la necesidad, y que solo promueven la vendetta y la vuelta al rencor y al enfrentamiento.

No los entiendo. Cuando realizan sus proclamas reabren viajas heridas sin recuperar en las consecuencias que pueden traer.

Galería | Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s