Primer Viernes de Cuaresma en la Macarena

via-crucis-macarenoPrimer viernes de cuaresma. La cenicienta luz de la mañana parece confabularse con las emociones primeras, con los recuerdos antiguos de terciopelos ceñidos a la cintura de un Cristo que mantiene en su rostro el dulzor de la salvación que ofrece. Primer viernes de mes. Las calles están alfombradas de brillos, relucientes, casi brillantes, por la lluvia que comienza a caer. Lástima de sol que se pierde la mirada de una mujer en los límites del infinito y que se enfrenta y no mantiene en los ojos de Quién proporciona el ungüento de la redención. Una mirada es premio para la vida. Una oración, atisbada entre los labios, parapetada en el silencio que reina en el templo, nunca solo, siempre abarrotado de sentimientos, es un motivo de alegría, o de consuelo, o de resignación, cuando es devuelta desde la cumbre de sus ojos. Siempre preñados de serenidad. No importa el castigo que vendrá. La corona es el balcón por dónde se asoma el perdón de los pecados.

Es primer viernes de mes y ya parece que todo se acaba. Se precipitan los recuerdos y aparece la nostalgia. Las ausencias son más notables e hieren más la razón conforme los años se desperdigan entre la edad. Es imposible imponer cautividad a las emociones que se presentan. Retornan palabras que profirieron los labios de quienes nos guiaban de las manos, de quienes nos ponían en el conocimiento de este amor que se transmite sin necesidad de discursos y soflamas académicos. Una sonrisa basta para consolidar la enseñanza; una lágrima es instrucción que se aferra al alma cuando el tiempo nos da a entender el testimonio que recorre el rostro de una madre. No explicación más certera.

Primer viernes de cuaresma. La reflexión y la austeridad vienen prendidas de esas manos atadas, de la candidez que rezuman mientras llega ese momento que nos conferirá al universo de las sensaciones mejores. Manos cruzadas que se ofrecen y que nunca rechazan el roce de unos labios. Manos de Dios ofrecidas para conocer el amor, la sencillez piadosa que nos conduce a la eternidad. Unción de bondad mostrada sin alharacas. Son las manos de los milagros, las manos acariciadas que buscan la sanación, la reconciliación con el Dios que todo lo puede, con el Dios que todo lo ofrece, con el Dios cercano que no huye del dolor, ni de la amargura, porque la conforta con la clemencia y la misericordia, que indulta a quien le ofende, que perdona a quien se acerca con el corazón contrito buscando esa misma clemencia que le fuera negada por la sinrazón de los hombres, por los corazones cegados por la ira y que lo condujeron a la tortura.

Hoy primer viernes de cuaresma, la Macarena se reviste de penitencia, las calles se tapizarán de austeridad. No habrá músicas que convoquen exaltaciones, ni surcarán el aire las proclamas que resuelven los misterios del hombre porque está próxima la resurrección. Los balcones se recubrirán de meditaciones, de oraciones que nos abran a la razón de la vida, de reflexiones sobre este tiempo.

Hoy los corazones se abrirán a la expiación y a la enmienda de nuestros comportamientos. Por las calles del barrio, donde se escindían a los sentidos las huertas y regadíos de los Sáenz, donde confluyen los sentimientos de nuestros antepasados, donde surgieron los hombres y mujeres que entregaron sus vidas y haciendas por esta Hermandad, donde habita la memoria de los míos, Cristo entregado al amor, pasará para recordarnos que sigue vivo, que es nuestros Dios, el que conocieron nuestros padres, el que nos enseñaron a querer, el que nos oye y responde. La gente de la Macarena, orará por las calles del barrio, a Jesús Sentenciado, al Cristo que siempre nos espera, a Jesús hijo de María, y dará testimonio de su fe, de su herencia sentimental, y recubrirá las calles con la mirada del Cordero, y sentiremos cómo la Esperanza se impregna en nuestras almas y seremos más felices haciendo a los demás partícipes de Ella.

Hoy es primer viernes de cuaresma. No faltará nadie en la Macarena que se anegará de la fe que lleva en sus manos y su rostro el Cristo de la Sentencia.

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