Elegía de un redoble macareno*

​Hoy es un día de tristeza infinita para la familia macarena.

Hoy, las manos que hacen temblar las emociones en la madrugada más grande, cuando los cielos pierden su color para teñirse de ese verde que mantiene en vilo las almas, están tiritando de frío por una despedida que no causa más que desconsuelo, que tiene prendido un hasta luego cuando el Dios que todo lo puede y todo lo concede le cite en ese lugar del cielo donde ella y Ella le estarán esperando.

Esas manos que son capaces de alterar los ritmos del tiempo y paralizar las horas cuando se mueven para taladrar el aire de la ciudad y cubrirla con pregones sonoros que dicen que la injusticia de una Sentencia es incapaz de impedir el mensaje que proclaman sus ojos serenos, sus manos atadas,  atraviese los sentidos y se implante en el corazón de los hombres de buena voluntad, se han visto incapaces de retener el vuelo postrero de su amada.

Hoy esas manos que agita corazones y zarandea la más firme razón cuando baquetean la piel del tambor, están despejando lágrimas de su rostro, apartando sinsabores,  descombrando  la pesadumbre por la pérdida de quien ha sido faro y guía, camino por el que discurrían sus pasos.

Esas manos que redescubren la alegría que se proyecta en su rostro cuando resuena el tambor de la concordia y la armonía del sentir de la gente de la Macarena, están tejiendo ayes y jirones en la líneas del dolor inmenso, imperecedero, que sigue a la extirpación de una parte del alma, de la rotura del cordón umbilical que crece con el intercambio de una mirada cuando los años aún permanecen inanes en el balcón de la mocedad.

En este mismo instante, en esas manos que remueven baquetas que son transmisoras de emociones y hacen cimbrear corazones, están acariciando los mejores recuerdos de quién fuera la novia que esperaba el final del día para recibir su piropo, de la esposa que compartió los momentos de felicidad y esos avatares de la vida que siempre unen y nunca separan, que fortalece la relación, de la madre que siempre ofrecía su sacrificio por el fruto que fue creciendo en sus entrañas, ese amor imperecedero que no tiene comparación con ningún otro amor.

Esas manos que nos acercan al júbilo, en la madrugada más hermosa de Sevilla, que precede a la dicha, que nos anuncia el gozo de la vida nueva, esa vida que ya consiguió su Carmela, tiemblan porque son incapaces de contener la emoción que le embarga.

Esas manos que tienen el poder de enseñarnos el garbo, la donosura, el porte y toda la gloria de la Roma que se muestra en esta tierra de viejas huertas y remembranzas de gestas devocionales y fervores antiguos anclados al corazón de sus mejores hijos, están retrayendo del pasado imágenes que van a ilustrar y dar sentido a la unión de toda una vida, los momentos que van a quedar fijados en el mejor estado de la emoción. El redoble que anuncia, desde la Resolana al mundo, que se va a cumplir una Sentencia de amor, nos llega desde el dolor cercano de quien es santo y seña de la mejor trompetería, de la batería por excelencia de tambores que pone sitio a la tristeza y desahucia el dolor con el redoble único, casi sinfónico, de este hombre que es todo verdad y rezuma sentir macareno por cada poro de su piel.

Hoy se destensan la piel de los tambores del dolor, como si de una noche viernes santo se tratase, para poner, no luto, sino la melodía candorosa que mana de la canción de un macareno para decirle, al amor de sus amores, que no tenga miedo que al final del camino siempre, siempre, está Ella tendiendo su mano, Ésa que es la Esperanza única de los mortales, Ésa que acompañará a su Carmen al balcón del cielo desde el que se contempla la Resolana para que pueda ver a su marido, a Pepe Hidalgo, cómo levanta sus baquetas, lanza un beso hacia el pretil donde observan ellas e inicia la sinfonía que trae, en cada redoble, el sentir de la gente de la Macarena, el mismo que hoy, ahora y siempre está contigo, y con los tuyos, Pepe. Y recuerda, hermano, que los macarenos no morimos nos transformamos en Esperanza.

*A la memoria de Carmen Sánchez, esposa de Pepe Hidalgo.

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4 respuestas a Elegía de un redoble macareno*

  1. Ana Ramirez dijo:

    Sin palabras desde la famila Hidalgo agradecerte estas preciosas palabras ….

  2. Manuel Jesus Jurado dijo:

    Antonio,como has sabido plasmar…el sentimiento de todos los macarenos al acompañamiento en el dolor y la tristeza de este amigo del alma,de este “Patricio Romano Macareno” que acaricia el tambor con tanta dulzura y compases de eternidad,que a mi me transportan hasta mi infancia en San Gil.Mi mas sentido pesame a mi buen amigo Hidalgo,y para ti Antonio tambien mi sentimiento mas macareno por tu modo de expresarte.Un fuerte abrazo.

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