El ancho del embudo

La miseria tergiversa la condición natural del hombre hasta convertirlo en su propio enemigo, en la principal causante de los males endémicos de la condición humana. No hay más que revisar la historia y nos encontraremos con un sinfín de ejemplos que constatan la miserable actuación del ser humano para la consecución de sus propios intereses. Crímenes entre padres e hijos, entre hermanos –la propia biblia narra el primer fratricidio en sus capítulos iniciales–, entre amigos que se traicionan para la obtención del poder, para acaparar las riquezas e incluso para tomar a la mujer del hermano. Las consecuencias de estas actuaciones son imprevisibles y casi nunca terminan bien. El refranero español, sentencias de la gente del pueblo que resultan de sus propias experiencias y observaciones cotidianas, mantiene que quién a hierro mata, a hierro muere. Y no puede llevar mayor razón esta sabiduría popular de la que algunos pretenden apropiarse y mantener su exclusividad, por supuesto para beneficio propio.

Estos chicos de podemos que tan preparados y estudiados están, estos sabelotodo que se adueñan de la terminología más hermosa del léxico hispano y tergiversan su sentido etimológico para sacar el mayor provecho posible, ha caído en su propia trampa. Han ignorado su condición de hombres y se han acercado al olimpo de las vanidades, se creen dioses y promulgan sus leyes para sometimiento de las conductas de sus semejantes, de ciudadanos que todavía siguen sus peroratas populistas porque no tienen otra esperanza. Estos ilusionistas de la verdad, ahora la ves, ahora no la ves, que utilizan la demagogia para imprimir rasgos de autenticidad en donde no hay más que fantasiosas proposiciones decadentes, propuesta económicas y políticas que han fracasado estrepitosamente en donde se han llevado a cabo, estos populistas a los que ya se les adivinan sus propósitos de acaparar el poder para demoler el pensamiento libre y establecer las doctrinas que alimenten sus egos y manías, abanderan los movimientos para librar al país de la corrupción de esos políticos que han dejado España en calzoncillos, y desgraciadamente, sin que lleguen a cumplir las penas que merecen.

Pues estos señores elaboraron un código ético con el fin de regular y condicionar la pertenencia al estatus político, a la representación de la ciudadanía en cualquier estamento parlamentario nacional, autonómico o local, de aquellos políticos que sean imputados en cualquier causa por corrupción o aprovechamiento de su responsabilidades para obtener beneficios propios, procurárselos a terceros o incrementar los bienes patrimoniales y/o económicos de los partidos a los que pertenecen. Como son dioses puros, gente no perteneciente a la casta, suponían que nunca se verían afectados por este mal que va pudriendo al ser humano, que deben ser los que no pertenecen a su coalición política. Son ya varios los casos confirmados de imputaciones, por estos menesteres, a políticos de ese revoltijo de idearios y pensamientos enfrentados, que es Podemos. Pero lo sucedido en el ayuntamiento de Madrid es la gota que colma el vaso.

Un juez ha citado a dos ediles, Carlos Sánchez Mato y Celia Mayer, a declarar como investigados por un supuesto delito de prevaricación y malversación de fondos públicos al encargar dos informes externos, a dedo y por valor de 50,000 euros cada uno, que ya se habrán gastado dinero en folios, para aclarar y denunciar actuaciones en la concesión de la organización del Open de Tenis de Madrid – un evento que deja beneficios millonarios en la capital – durante el mandato de Alberto Ruiz Gallardón, informes que ya habían sido emitidos por los técnicos del propio ayuntamiento y que habían dictaminado que todas las actuaciones al referente se correspondían con las normas y reglamentaciones lícitas. Y además advirtieron que el encargo de los referidos informes debía licitarse.

Pues a estos el código ético, que ellos mismo dictaron y exigen cumplimiento exhaustivo a otras organizaciones políticas, no es de aplicación propia. Ellos han actuado en defensa de los intereses ciudadanos al investigar un posible delito en las actuaciones del Partido Popular en los convenios para realización del evento deportivo , según ha declarado la portavoz de Podemos en el ayuntamiento madrileño, que ya hay que tener poca consideración hacia la ciudadanía. Piensan que la gente es tonta y que es ciega y sorda, que no tiene facultad para enjuiciar y sacar conclusiones. Los concejales siguen aferrados en sus cargos. Han obrado bien y en conciencia, según ellos. Aplican la antigua ley del embudo. La parte ancha, generosa y cómoda para mis intereses, para los míos; la parte estrecha, angosta, donde es difícil respirar y hasta moverse, para los otros.

Nos falta vergüenza. Y valentía. Esta ralea política, que se salve el que pueda, no la merecemos. Las argumentaciones en defensa de estos individuos, roza el ridículo. Como siempre especulan, dan rodeos y hasta la vuelta a la tortilla. Todavía quedarán aduladores y aplaudidores del régimen que pretenden implantar para jalearles sus gracias. Lisonjeadores que hacen méritos para alcanzar algún carguillo y poder disfrutar de los beneficios que ofrece la parte ancha del embudo.

Aplíquense sus propias leyes. No legislen para castigar a los demás por los mismos delitos que cometen sus correligionarios porque están aplicando la máxima de la desigualdad a los españoles. ¡Todavía hay castas, verdad señores!

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